Hablando de necesidades.

He quedado pues en el entendido de que no te tendré nunca. Que la promesa de propiedad no existe. No tengo nada más que partes tuyas, partes que podría o no algún día armar para poder completar algo, pero jamás un entero.  No tengo unidad. No tengo todos. Contigo son mentiras los completos.
Así pues, me rindo.
Me propongo dejar de necesitarte. De tratar de integrarte a mi mundo. Me declaro independiente de cualquier lazo que me ate a ti. Por más que todo en mi te necesite, la sensatez mandará por hoy. Y por hoy no te necesito más. 

El mundo en calma

Dentro de tu mente siempre encontrarás caos, habrá algunas tormentas más grandes que otras. Habrá huracanes.

Siempre existen detonantes, unos peores. Algunos hasta serán clasificados como mejores.

Quien te encuentre mal en el camino tendrá dos opciones

- Pedirte que te calmes y ofrecer ayuda.

- Ayudarte realmente.

- Guardar silencio y esperar.

Habemos personas que optamos por la última opción al actuar. Otras (más común) se guían por la primera. Nadie toma en cuenta la segunda.

Porque cuando estás mal no sabes cómo te pueden ayudar.

Cuando tus pensamientos son un huracán de palabras y emociones no puedes manejar claramente cómo debería solucionarse, es como pedirle a un vagabundo que prepare un banquete. 
La recomendación final es lidiar con las penas solo. Si nadie te ha de ayudar y tú tampoco puedes ayudarte, el mundo sabrá cómo hacerlo.  Solo hay que esperar.

Al menos yo así lo aprendí. En esta vida se nace solo, se muere solo.