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Suicide


El teléfono había sonado, cuatro notas repetidas, sabía de quién sería el llamado, por algo estaba así de definido. Escuchó la verborrea dentro de aquel tono de voz ridículo y chillón, un sollozo y su suspiro.

—  Así que te has vuelto a enamorar,
otro trágico final con un nazi y a la francesa.

Ella gritó a través de la bocina. — Me tratas como si no tuviera idea de lo que digo, crees que no sé lo que quiero.

—  Y ahora deambulas con tu cruz

— ¡Joder! Sí. No sé dónde mierda estoy, me dormí en Waterloo, pero amanecí en otro lugar. Y sí te necesito igual que te he necesitado siempre, solo ven.

Él rió. No le quedaba nada más, colgó el teléfono y condujo hasta ella, siempre lo hacía, por ella hasta el fin del mundo, iría a cualquier lado con tal de tenerla de nuevo entre sus brazos, aunque fuera solo para lidiar con el conflicto de siempre, su propia y horrible existencia.

— Y es que no, no aprendes nunca,
hermoso como un asturcón
surgiendo entre la niebla. — dijo mientras ella abría la puerta del Chevy rojo, arrojaba su bolsa de mano al asiento de atrás y dirigía la mirada al retrovisor derecho, escondiendo los ríos de rímel que se habían formado sobre sus mejillas.

Todo el camino había sido silencio, hasta estacionarse en el sótano del edificio, la oscuridad abrazó sus cuerpos y ella gritó. Volvió a llorar, dejando escapar todas las emociones que había soportado durante todo el camino. En su mente se estaba dibujando un horrible precipicio y sentía como lentamente caía, queriendo tomar aire de nuevo, para solo encontrar edificios que tiemblan.

Un mes

— ¡Adolfo! Por favor ven

Él no lo dudó, como siempre respondió el teléfono y estuvo para ella. Entró al departamento para encontrarla en el sillón, envuelta con una manta y basura a su alrededor: tiras de pastillas v
y latas de whisky.

— Pequeña, te está grande el mundo

Ella solo asintió, conocían la sensación. Todo se volvía enorme y ella quedaba atrapada, vacía dentro de toda la porquería que estaba a su alrededor.

— Es la nueva enfermedad, la que anuncia la radio. Sé que soy propensa.

Adolfo sonrió de lado, no era la primera enfermedad, ni la primera crisis, no era nuevo, solo se sentó a su lado, le quitó la frazada y la abrazó con todo lo que tenía en su interior, tratando de transmitir lo que embriagaba sus sentidos.

Era su propio y pequeño mundo. Solos, rotos, totalmente indefensos ante la mínima situación que sucediera, indefensos ante sí mismos y ante cualquier cosa que pudieran sentir. Porque así era la vida, porque las cosas pasan pero no puedes llegar a expresar lo que tú mismo sientes, porque hay puntos del tiempo en que nada concuerda, nada es simple y la mente juega consigo misma.

— Idea, voy a tomar una cuchilla y acabaré con esto — dijo ella sonriendo sin secarse las lágrimas

— Mejor llena la tina de agua y... Vale no, esa es muy pequeña para los dos

— Podría servir la altura del edificio

— Otra idea, yo estaré al volante,
y tú a mi lado tragas tranquis con cerveza. Luego encuentran nuestros cuerpos estrellados en una cuneta.

Disposición. Él tenía toda la disposición de estar a su lado para siempre y aunque ella a veces le quisiera y a veces no, seguiría a su lado. Porque preferiría mil veces ser foco de la prensa como un suicida conjunto que quedarse sin ella. Pero la  ironía  en su voz solo hizo que ella se levantara y encerrara en el cuarto de baño.

Gritos y más gritos.

—Se nubla tu razón, sal del maldito baño.
En tu mundo nunca hay gente a salvo
y reina la confusión.  Y entras como siempre en bucle y te transformas en Mr. Hyde.

Ella seguía gritando cosas sin sentido ante las palabras tan claras de él. No es sensato hablar. No es sensato escuchar la verdad.

— Esto soy y no haré nada más.

— Miéntete a ti misma,  si es lo que hay...

Y después de todo ello, siguió sentado fuera de la puerta del baño. Hasta que ella se dignara a salir y lo abrazara, hasta dormir enredados, fundidos en un punto terrible y absurdo. 

Dos semanas

— Y se supone que esta vez también
te tendría que creer, que hay una soga para tu cuello,que lo harás de noche en la cuadra... Yo no intentaría nada, o se vendrá abajo el techo.

Ella solo colgó el teléfono ante la frustración. Cada intento, ella lo avisaba, él la corregía; más valía no hacer nada que ser ridícula.

Cinco días

— Lo encontré en la calle, quería hablar y yo simplemente odio a toda la gente. Odio hablar, odio tener que hacerlo

— Enfrenta tu maldito miedo, ¡madura! Pendeja

— ¡Hijo de puta! Te necesito, cabrón. Pero seguramente estás con cualquier...

—Llámame lo que tú quieras, di que yo era tu chapera y te salí barata. Ya ves que te lo consiento.

Ella de nuevo entraba en su maldito bucle, con todo el desastre mental, con todo el griterío en su mente, con todo lo que había perdía la razón. Colgaba el teléfono y se encerraba en sí misma. El la buscaba  y estaba a su lado.

Y cuando él pensaba que la quería ella se transformaba, una maldita perra, una zorra, o simplemente la  persona más idiota del universo. Era como Mr. Hyde, eran mentiras dentro del amor más puro que cualquiera podría encontrar.

Basado en "Adolfo Suicide "
Canción de Nacho Vegas (Resituación 2014)
Todos los derechos reservados.

Condenado

La nieve caía lentamente, llenando las aceras de una fina masa blanquecina. Otro año había pasado, un ciclo más había que terminar, como simples humanos, como simples mortales, no había nada en que pudiera pensar Henry, tan solo en eso. Iba a pasar otra navidad  al lado de las personas a las que lo habían engendrado, a las que no había visto a lo largo de tanto tiempo, esperaba que en algún momento aquel aire que azotaba los vidrios de su transporte cesara. Aquel autobús del 99 iba bajando la velocidad conforme se introducía al poblado.

Adiós — dijo al conductor del bus, que solamente se escondió bajo su gorro y sin pronunciar palabra alguna cerró la puerta al instante que Henry bajó el último escalón.

La parada estaba vacía, probablemente por la hora en la que había llegado, nadie en unos kilómetros a la redonda. Él paseaba por las calles sonriendo, con su mochila colgando en el hombro izquierdo y sus botas dejando finas pisadas sobre la nieve.

Hasta ese momento, él no sabía que fe un error el siquiera haber vuelto a aquel pueblo, al cruzar a la otra cuadra, observó escombros, seguramente desde hace mucho tiempo que estaban allí, porque ni siquiera las cenizas tenían olor y todo estaba cubierto de nieve. Sobresalía solamente una cruz, de aquellas que solo pueden pertenecer una iglesia. Avanzó un poco más, no era de su incumbencia lo que al viejo santuario del pueblo le hubiera pasado.

Una tras otra las cortinas de las casas al lado de las cuales desfilaba se iban cerrando, lo niños cantores a fuera de la pastelería del pueblo habían cesado sus cantos, y las madres que observaban, al mirar a Henry, atraían a los niños hacía a ellas, sus rostros estaban siendo invadidos por la preocupación.

Respira profundo— se dijo—, nadie estaba esperando a que llegara, seguramente es tan solo una sorpresa ver que yo regreso a ver a mis padres después de todo el tiempo que ha pasado. Y más en estas fiestas. Los pueblerinos suelen tener unas ideas un poco raras de lo que hay que esperarse para que navidad, sea navidad.

Las palabras tranquilizadoras lo aliviaban, pero así no quería que el camino a la solitaria casa de sus padres se terminara.  Algo le decía que las cosas en el pueblo iban va mal, la última vez que había ido, nadie prestaba atención a su camino, pero claro, la última vez había sido cuando tenía 17 años y era tan solo un joven más.

Casa en la que se crio estaba dando la vuelta a la calle en la que iba, y la última casa de aquella acera había cerrado sus cortinas. Lo único que lo alumbraba era aquella luz de la farola

¡Olvida que algún día te criaste aquí!— dijo su madre cerrando de golpe la puerta. Intentó mirar a través de la ventana pero no podía por las cortinas grises que cerraban su vista. Se acercó a la caceta telefónica y tecleó cuidadosamente el número de la casa
, esta vez era su padre el que había cogido el teléfono, su respiración sonaba agitada, del modo agitado número dos: cuando está molesto.

Las palabras exactas que pronunció, tan solo hicieron que Henry se sintiera más desconcertado de lo que ya estaba. No había nada en el mundo más triste que tu familia no quisiera estar contigo la noche en la que todos se reunían para celebrar el nacimiento del salvador.

No recordaba una sola navidad en la que hubiera tenido que estar solo, todas las navidades  que pasaba siempre lograba estar al lado de alguien más, de alguien que le quisiera, o al menos que disimularla hacerlo, ¿tan difícil era que tus propios padres quisieran compartir la mesa contigo? Diciembre era el mes que cambiaba a la gente, pero por lo regular era para bien, para fingir hipocresía y hacer del amor la cosa más bella jamás vista, para comunicarse, para perdonar.

¿Qué cosa tan grave pudo hacer para que nadie quisiera acercársele? La posada estaba vacía, y la dependiente le rentó una habitación a regañadientes, nadie quería trabajar en navidad.  Su cena fue un paquete de papas fritas y una coke- light, no había mucho que recuperar de las maquinas expendedoras de un viejo pueblo.

Pasó la noche mirando por la ventana, sin escuchar más ruido que el de algunas risas en medio dela madrugada, y el sonido de las series navideñas, sí, aquel ruido que hacen todas esas luces que le colocan a los árboles navideños, especialmente el de la plaza del pueblo, el cual era grande y tenía una extensa variedad de detalles platinados.

Quería partir al amanecer, pero también quería todo lo contrario de esa noche, quería pasar desapercibido, así que simplemente esperó ‘hay que salir de noche, cuando nadie este despierto, cuando nadie pueda notar tu ausencia y ninguno quiera recordarte

Así lo hizo, tomando sus cosas abordó el último autobús del día 25 de diciembre, estaba vació, al menos hasta la mitad del camino, claro estaba que nadie pretendía viajar en un día como ese.

Dicen que hizo algo en aquel lugar, algo grave que nunca jamás pudo recordar, que aquella navidad nadie lo esperaba llegar, y que si volviera a regresar todos escaparían de nuevo, que ni su propia madre quería recordar, ya que era mejor la navidad así, sola con su marido, como si nunca hubiera engendrado ningún hijo.


Probablemente, en algún futuro, para él, esas fechas serían recordadas como la navidad más hermosa y placentera que jamás pudo imaginar. Si de todas formas no iba a recordar nada, podía estar convencerse de que había cenado un gran pavo y un delicioso puré, para algún día contar a sus hijos lo hermoso de festejar en familia. 




Basado en la canción "Maldición" de Nacho Vegas
Todos los derechos reservados

La Gotera

Levantar la cabeza y mirar el techo, subir el volumen del televisor un poco más, lo que sea con tal de cubrir el eco que hace esa gotera que sigue cayendo sobre los cacharros de metal. Y con tan fuerte ruido el que sale de aquel aparato, no saber si lo que sucede es que esta lloviendo o algún ángel vino a llorar sobre tu casa.

De pronto, en una esquina de aquella caja que transmite imágenes, aparece la fecha, recordando que es diciembre 24, y que una vez más, la casa estará en silencio, al igual que los 6 años anteriores, al igual que todos los años que han pasado desde que ella se fue, desde que te dejó.

Te extraño podrías susurrar igual no te escuchará, por más breve que seas, su atención ya no la tienes. Mejor concentrarte en aquella fotografía donde contemplando, se nota que algún día fuiste tú, ese que rebosaba de alegría a su lado, en aquella cena de navidad, donde de la nada, alguien les pidió que sonrieran, y no costaba trabajo.

Puedes coger la botella de cerveza una y mil veces más, igual con eso no la olvidarás, pues cada que te pones a recordar, la nostalgia invade cada hueso de tu ser. Puedes levantarte, igual no te encontraras a nadie, seguirás un camino ya aprendido, de la sala al tocador, donde al mirarte en el espejo, y ver aquello que tanto temías llegar a ser, tomarás una de esas pastillas, de las mismas que ella usaba las noches en las que la lluvia impregnaba aquella gotita que golpeaba los cacharros de metal mil y un veces, y es que nadie se cansó en todos esos años de recoger litros y litros de agua gris, nadie tenía que tomarse la molestia de reparar la gotera de una vez, tan solo de planta ya se habían quedado unos cuantos baldes, que seguirán allí, pues nadie se dignará nunca a moverlos.

Has regresado al sofá, mientras tu mente recapitulaba la última vez que ella te pidió que arreglaras la gotera, subiendo un poco más el volumen del televisor, te dispones a ocultar aquel ruido que te hace tan solo pensar en ella. Destaparás el frasco y de la nada te encontraras con las mismas 15 pastillas que ella dejó, las mismas que nunca quisiste tocar.

Afuera alguien comenzará a tocar la puerta, pero ese nuevo ruido cesará cuando el imprudente se dé cuenta de que no hay ni una sola guirnalda alrededor de la casa, ni un foquito tintineante invitándole a que te cante villancicos como lo han estado haciendo todas esas series de luces en las casas aledañas y que embriagando a todos con el espíritu navideño, te hacen querer que suene más el televisor, hasta que terminan las noticias y recuerdas que viene el maratón de cada año, 5 películas que te recordaran esa fecha a la que todos le llaman “Navidad”.

Un botón solamente tendrás que apretar y cualquier campanita dejará de sonar, pero una vez más predominará en la casa ese son, de esa gotera que te sigue recordando que ella fue tu único amor. No queda más que coger el pastillero y vaciarlo en tu boca, tal vez con otro trago de cerveza quede mejor. Y cual guillotinas se cerrarán de golpe tus ojos, pero ya la tienes allí, esta contigo una vez más, sonríe y te invita a comer aquella cena que con tanto esmero estuvo preparando, ya no hay ruido, ni siquiera aquella gotera y eso, que aun estas en tu casa. ¿Será que el ángel dejó de llorar? Te preguntarás sin obtener negativas, y tan solo correrás para tomarla entre tus brazos y disfrutar de un gran manjar. De la dulzura de su amor que una y mil veces te hizo falta, y contemplando sus hermosos ojos, tan solo querrás ser breve, Feliz Navidad, pronunciarás, para jamás volver a decir algo más.


 Basado en la canción "Ocho y medio" de Nacho Vegas
Todos los derechos reservados




Por culpa de la humedad


Para ella, la sala estaba completamente en silencio, todo el mundo giraba y su mirada seguía perdida, sin una gota de arrepentimiento había subido al estrado escuchando las acusaciones del abogado y ella solo asentía o sacudía la cabeza sin mucho interés.

Cuando el juez le preguntó

—¿Por qué tuviste que matar?

Mona, seria, respondió:

—Fue el calor y la humedad

Yo solo miraba como todo se desarrollaba, había al lado de mí un miembro de la servidumbre del hombre que ahora estaba varios metros bajo tierra y una mujer que parecía ser más que una dama de compañía para él. Ellos estaban igual o casi tan atentos como yo al juicio pero igual me contaron que esperó a la siesta de las tres; en una mano un cenicero,  en un puño el corazón.

Sus murmullos cesaron cuando la declaración de un compañero de mi narrador  subió al estrado a contar lo que había atestiguado aquel día

—Estaba sentada en el salón, con el cuerpo a sus pies, ¡quién sabe en que estaría pensando esa mujer!

—Estaba pensando en que algún día fui joven guapa y feliz

Los abogados se quedaron boquiabiertos y yo mismo también, hasta aquel instante hubiese jurado que la mente de esa mujer no estaba en el mismo lugar que su esbelto cuerpo, pero con aquella frase nos demostró lo contrario a todos.

— Hubo un tiempo en el que yo  habría muerto por amor

Dijo de nuevo la acusada y todas las miradas se centraron en ella, el hombre que daba la declaración se veía pálido, él no había acabado de testificar  y justo su siguiente respuesta a las preguntas del acusador contaban lo que había escuchado momentos antes de la siesta de las tres, llantos y gritos que aún le desgarraban el alma, no sabía como existían personas que podían dañar a una cosa tan lindo como lo era Mona

—Yo no puedo decir mucho—, dijo nervioso —pero escuchaba los gritos de mi patrón "Mona, calla, haz el favor; Mona, me haces enfermar. Ramona, ven aquí  que te voy a reventar.

Hizo una pausa y me percaté como una mujer que estaba allí cerca se llevaba la mano a la boca, reprimiendo un grito escandalizada. Hice la debida anotación en mi cuadernillo y cuando el barullo general se terminó el hombre pudo pronunciar con lágrimas en los ojos la última frase que escuchó decir a su jefe

—…Y si no hay nadie a quien culpar, culpemos a la humedad

Luego explicó que el haber escuchado esa discusión y la horrible forma en la que el hombre amenazaba a Ramona fueron los motivos por los que no hizo nada cuando la vio con el cuerpo a sus pies. Pero su testimonio no había terminado allí, horriblemente el abogado lo hizo continuar y el jardinero tuvo que repetir algo que habíamos oído momentos atrás en el juicio

—Lo enterró en el jardín a la sombra de un nogal—, hizo una pausa y con una sonrisa agregó— justo donde suelen ir sus dos gatos a orinar.
Yo también sonreí, era demasiado maléfico lo que había sucedido, ni siquiera había terminado mi conclusión cuando la voz de Mona volvió a hacer eco en la sala

—Esta vida iba a ser otra y algo salió mal.
Me levanté para salir de la sala justo cuando el juez le pidió a la chica que se callara, había dado por terminada la sesión. Nadie quiso saber más.

Afuera, quise entrevistar a los demás testigos y todos contaron la misma historia. Me juraron que así fue pero hubo algo que solo alguien me dijo ese día, tantas versiones y solo una tenía el final, era la historia contada por una chiquilla, adolescente, de ojos grandes y pómulos afilados que acompañaba a su madre al juzgado porque también debía de dar declaración

—Ramona se quedó mirando afuera—, dijo— esperando el anochecer. Hasta que corrió a ocupar la luna el lugar del sol.



Basado en la canción de Nacho Vegas "Por culpa de la humedad"
Todos los derechos reservados

Prefiero matarme



Una lágrima escurría por la mejilla de la castaña, sabía que tenía que tomar la decisión, pero era lo mejor, con aquella daga plateada en la mano, a punto de dar el paso final, el teléfono, comenzó a sonar, ¿Contestar? ¿Sería realmente lo adecuado? Suspiro algo triste, tal vez no tendría suficiente valor, cogió el auricular, tan solo para oír esa voz, la  voz de la que estaba enamorada.

Nunca te olvides de mí — pronunció el chico mientras seguía intentando decirle a la ojimiel todas las cosas que tenía que decirle, pero no podía el veneno estaba haciendo efecto, se escuchaba en su delirio, en su tímida voz invadida de agonía, él había tomado la decisión antes que ella, estaba por morir, moriría por ella, para salvarla a ella. Al fin, podría descansar, obtendría aquella paz que a lo largo de su vida no había tenido.

Si hay algo que es cierto es que te quiero un mundo entero serían tal vez sus últimas palabras, pero, ella las estaba escuchando y eso era lo que hacía que el acto valiera la pena.

¡Déjame de una vez! —Gritó antes de quedarse sin palabras ¿Cómo podía soportar aquello?— Déjame de una buena vez ¿no puedes irte ya? — Exclamó a través del teléfono...
Cada vez era más dura la situación, ella lo amaba, despedirse era lo más difícil que había hecho en toda su vida, ¿cómo decir adiós cuando sabes que es para siempre? ¿Cómo decirle adiós a alguien que nunca quisiste dejar ir?

En su cabeza, tras cada lágrima, emergía un recuerdo, de esa misma semana, de aquel día en que habían ido a la feria, gran idea para una cita, para la cita en la que él le pediría matrimonio, excéntrico, pero romántico para ambos. Acabo arruinándose el plan, cuando caminaban por entre los stands y una mujer con un vestido de manta se había cruzado frente a ellos, bailando con una gracia digna de observarse, llevándolos así hasta dentro de su carpa, lugar oscuro iluminado únicamente por las velas que estaban alrededor de una mesa circular donde varios pares de cartas se agrupaban.

Sin tener que pronunciar palabras, la pareja había entendido que era el momento en que ellos tomaran una carta, la mujer enterraba su mirada en los ojos de la chica, quien fue la primera en tomar el porvenir, un poco más asustado, él se decidió a elegir la suya, sin mirarlas, se las pasaron a la gitana, quien con un grito ahogado los corrió del lugar uno es el asesino y el otro es el que va a morir pronunciaba la mujer mientras hacía que la multitud los alejara de la carpa.


La mirada asustada de la chica era irrevocable, habían entendido, se alejaron uno del otro Antes de que tú me mates, prefiero matarme yo… fue lo último que le dijo al hombre que amaba antes de verlo por última vez, al final, él fue quien decidió matarse. Al final, ella no había tenido el suficiente valor para hacerlo, pero ahora, ¿Que valía la vida sin él?



Drabble 500 palabras
Basado en la canción "Morir o Matar" 
de Nacho Vegas (El Manifiesto desastre) 
Todos  los derechos reservados

Se busca al Señor “G”

Un siniestro había ocurrido en la calle 12, nadie, nadie hubiese esperado que tal muchacho se convertiría en un asesino.A toda su familia había matado.

¡Es tarde! Decía para alejarse de todos aquellos que quería cotillear para enterarse si en verdad él había sido el tan nombrado asesino.

Mientras el intentaba olvidar aquel capitulo, yo lo perseguía, un detective, mediocre para muchos, aunque para mí mismo jamás sería tal cosa. Y si, tal como lo imaginas en mi rostro se acaba de dibujar una sonrisa. Y como no sabéis nada de mi he de decir que no soy tan mayor, 37 primaveras he vivido, tan solo son 13 más que las que ha mirado el Señor G.

Hoy me lo he topado después de varios años de fallidos intentos buscándolo pues había salido del país. Aún conserva la misma ropa cara a diferencia de otros criminales que normalmente visten lo primero que pueden tomar de las casas a las que entran o incluso llegan a coger las ropas de sus víctimas.

— ¡La gente no  olvida! ¿Cree que podrá escapar tan fácil?

Le dije cuando me lo crucé de frente el día 15 del mes pasado, si, en pocos días se cumplirá un mes de aquel encuentro, pareció que todo había sido casual, y así lo fue, pues no tenía idea que me cruzaría con alguien como el al ir de compras. Inevitable fue que yo pronunciara aquellas palabras, cuando me encontré con la misma mirada que años atrás me había costado el puesto, era lo mínimo que podía decir.

-¡Crack!-

Si, aquello había sido un choque, justo frente a mis ojos, mientras yo caminaba por la acera contándote esta historia, frente a mis dos autos se habían impactado de forma estrepitosa, haciendo que yo mismo me sobresaltara e intentara huir.

¿Está todo bien? — Se acercó preguntando un policía

Claro que sí, ¿Por qué no iba a estarlo? — Me estaba sonrojando, parece que más de uno se había dado cuenta del salto que pegué al escuchar aquel accidente.

Por una extraña razón, aquel auto que había acabado prácticamente hecho galleta, se le hacía familiar, aquel volvo del año, color negro, faros de luz blanca, en algún lado había visto aquel automóvil…

¿Cuál es su nombre?

Ese es el carro del señor G….

¿Perdón?

Era obvio que el policía no estaba entendiendo nada de lo que estaba diciéndole, ¿Qué rayos pasaba? ¿Qué no entendían que debían tomar los datos del conductor?

Sí, así como se han dado cuenta, soy un detective, y mi mayor fracaso, ha sido no poder atrapar al Señor G. Y si, tal y como tu mente lo dice, el señor G no es exactamente el Señor G, nunca averigüé cuál era su verdadero nombre. Solo conozco esa inicial.

¿Quién? ¿Cuál es el nombre del conductor del volvo?

Mi mirada, seguro que era esperanzada, o eso creo, la de aquel hombre obeso,  era más que extraña, o no le caí bien, o mi gran esperanza estaba a punto de quebrarse cual espejo.

Disculpe, pero, en el volvo, iba una señorita, ahora mismo la han llevado al hospital…

Oh… lo siento… debí confundirme

Ya veo, ¿por eso fue el susto? ¿Creía conocer al conductor?

La mirada del policía dio un giro completo de ser dubitativa a comprensiva y dio dos golpecitos en mi hombro, luego, media vuelta y se alejó de mí.

Allí me quedé como uno más expectante ante el choque, vaya, mi memoria estaba cada vez peor. Ahora mismo, voy de camino a casa, de nuevo, narrándote esta historia. ¿Quieres saber mi nombre? Pronto, todo a su tiempo. Por ahora, un placer conocerte. Espero verte pronto por aquí…





Basado en la canción de Nacho Vegas "Un desastre manifiesto" 
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